miércoles, 12 de octubre de 2011

Porque siempre hay quién lo dice mejor...Fahrenheit 451 - RB



-Sí, hay que hacer algo.
-¡Bueno, no nos quedemos aquí hablando!
-¡Hagámoslo!
-¡Estoy tan furioso que sería capaz de escupir!
¿A qué venía aquello? Mildred no hubiese sabido decirlo. ¿Quién estaba furioso contra quién? Mildred no lo sabía bien. ¿Qué haría? «Bueno -se dijo Mildred-, esperemos y veamos.»
Él había esperado para ver.
Una gran tempestad de sonidos surgió desde las paredes. La música le bombardeó con un volumen tan intenso, que sus huesos casi se desprendieron de los tendones; sintió que le vibraba la mandíbula, que los ojos retemblaban en su cabeza. Era víctima de una conmoción. Cuando todo hubo pasado, se sintió como un hombre que había sido arrojado desde un acantilado, sacudido en una centrifugadora y lanzado a una catarata que caía y caía hacia el vacío sin llegar nunca a tocar el fondo, nunca, no del todo; y se caía tan aprisa que apenas se tocaban los lados, nunca, nunca jamás se tocaba nada.
El estrépito fue apagándose. La música cesó.
- Ya está -dijo Mildred-.
Y, desde luego, era notable.
Algo había ocurrido. Aunque en las paredes de la habitación apenas nada se había movido y nada se había resuelto en realidad, se tenía la impresión de que alguien había puesto en marcha una lavadora o que uno había sido absorbido por un gigantesco aspirador. Uno se ahogaba en música, y en pura cacofonía.

lunes, 4 de julio de 2011

Abril y Mayo


Va y viene el mal sabor de boca,nuevamente emerge la
falsa entereza de la eternidad
y recrudece lo vano de los constructos forzados.
Un segundo,
un minuto,
una hora,

mil horas...

o un recuerdo.

Una fotografía instantánea de un continuo fracaso
El vacío,

la nada,
la angustia...
un abrazo.

La espera por el parto intelectual de lo ininteligible...
de la palabra que nunca llega:
el nombre de la pulsión inefable,
la caracterización de lo indescriptible.
Todo cegado por lo efímero de la fruición del placebo.