
En la indagación del eterno dolor que la vida produce, encontré una razón para escribir una constancia a nuestras mentes estáticas e inércicas, y en el desencanto que me produce el respirar no pretendo de alguien el menor ápice de emoción, ni empatía, ni apatía, sólo el hecho de ser leído y pronunciar en el interior de sus mentes, cuajadas de ser post-sináptico, mis escalares palabras. Y aun cuando la apoptosis degenerativa destruya los recuerdos, y las rectas se plieguen en algún limitado infinito, los sujetos de historia serán los entes históricos que debieron ser y ocuparán el lugar que les corresponde si la recursividad nos llevase a una constante. Y aun mas, cuando la memoria colectiva nos olvide, y créanme que lo hará, así como se olvida la existencia de la vida misma, flotaremos los unos en los otros mezclándonos con la certera existencia de la niñez y la muerte de la ilusión, vendremos esta vez, no como somos ni como creemos ser si no como fuimos y seremos, como el resultado del integral de recuerdos diferenciales sobre el olvido de los olvidados, siendo así, en un único espacio-tiempo, el vórtice, el aleph de nuestra entera ontogenia. Y regocijándome en el pecado del desencanto y el egoísmo, quisiera escupir en cada una de las caras de mis recuerdos, para hacerlos así reales, más allá de una extensión de mi "ser ahí", llenarles de veracidad, permitiendo el despliegue del verdadero caos que suscita el espíritu conjunto, y a orillas del lago eterno de fuego y azufre, sellar con sangre un brindis por todos y cada uno nosotros...

que cuático como escribís!
ResponderEliminarSaludos
Pablo
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